Hace un año empuñé todo mi valor
y unas cuantas bolsas de basura con mi ropa.
Crucé el umbral una ultima vez como residente
y caminé lejos de la casa de mi madre.
Seguíamos en cuarentena y me escabullí a mi nuevo cuarto.
dejando atrás el yugo del mal carácter
los lloriqueos y la dependencia.
Cierto que dejaba a mi hermano y a mi madre
pero quería algo mas pasarme resolviéndoles la vida.
Ciertamente una mejora fue el lugar
aunque un poco desvencijado era acogedor.
Un par de goteras y moho nunca mataron a nadie
y en todo caso, venía de vérmelas peor.
Pasamos una que otra penuria
y enormes retos para hacer que el internet se mantuviera estable
pero algo se logró.
Me fui con toda la fe del mundo en la mano
a esperarla a ella, a cumplir un sueño.
Hace un año deje todo mi temor a un lado
e hice el enorme sacrificio de creer.
Y aqui, en la oscuridad de mi cuarto
a casi 8 meses de la segunda decisión mas difícil de mi vida
estoy tratando de ordenar mis ideas.
Llevo casi 2 meses fuera de los antidepresivos
ha llovido casi todas las tardes
y mi rutina de ejercicios ha menguado grandemente.
Tengo mas deudas de las que esperaba
y a penas y he logrado lo que me propuse.
El trabajo no va nada ma
aunque los ciclos depresivos se agudizan con el tiempo.
Todos los intentos de pintar y remachar mi vida parecen en vano.
Llevo 24 horas lejos de las garras de las redes sociales,
talvez esperando ilusamente que mi ausencia se note
pero a penas alguien notó que faltaba.
Talvez el payaso no les hace tanta falta después de todo
talvez, sólo talvez no sea tan necesario ...
Y aquí estoy aferrado al último hilo de cobre
talvez esperando un rayo de esperanza
o de castigo divino, lo que sea que traiga alivio.
Puede que talvez la cura a los pensamientos suicidas
sea esconderme tras del Gorilla glass
y ver como la vida continúa sin el mas mínimo cambio.
Ser crudamente consciente que fuera de unas cifras faltantes en una cuenta de banco
y un par de horas menos facturadas en producción la existencia se reduce a nada.
A las coplas, a kilómetros de palabras cálidas que escudan a sus hablantes de la culpa,
del yo dije, del yo intenté.
O talvez esperaba demasiado.
Por que al final dí un salto de fé una y otra vez
y aunque no siempre caí parado nunca caí al vacío como hoy.
Mañana será otro día, y mientras el teléfono suena
para que acompañe a alguien a beber, nadie sospecha
que soy el cascarón de lo que solía ser.
Borrachos egoístas. Que se jodan.
No es el ánimo de la compañía sino el miedo a beber solos.
Otra taza de café, el cigarro de la mañana,
140 Kmph sorteando el tráfico sin miedo a la muerte.
O simplemente estoy muerto pero quiero seguir jugando.
Otro jueves, otra batalla, otra victoria y talvez 8 horas de sueño.
Talvez estoy harto, o puede que sólo cansado,
por que al final peleé por sueños que pensé que eran míos
y se quebraron ante mi como tantos otros mas
Se fueron de mi vista de arrebato,
como mis esperanzas de un propósito y con ellas mis ganas de vivir.
Sigo aquí durmiendo en el suelo,
cerrando los ojos a vivir una vida sin sentido
trabajando lejos de un sueño y sólo para pagar deudas.
Sin objetivos, sin futuro, sin amor
asi como los pasados 14 años
asi como se me fue media vida.
Pero todo fue un salto de fe, un creyente saltando al vacío esperando un milagro.
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