No es secreto para nadie (excepto para la mujer casada que regala pañuelos y calcetines)
que los hombres aman sus herramientas, y que un destornillador puede ser la mejor arma
contra las vicisitudes de la vida cotidiana (tengo el mio predilecto desde hace mas de 15 años)
Pues entre las caridades de oportunidad que te da la vida me encontré con la irresistible oferta
de un modesto taladro reversible con control de velocidad y opción de roto-martillo
capaz de portar brocas hasta de 1/2 pulgada (Mi colaborador revivirá un chiste de la ultima remodelación que hicimos hará unos años)
Pues en la emoción y prisa del descubrimiento y el inevitable arrebato de las ideas y posibilidades
de resolver problemas e independizarme de contratistas impuntuales y frecuentemente irresponsables
me adelanté a la cajera de la ferretería a pagar la electo-herramienta y emprendí el raudo camino a casa.
Este mastodonte de 215 libras casi saltaba de la emoción con el juguete nuevo,
cuando llego a casa para terminar los trabajos de mi cuarto en remodelación
me asalta la inevitable intriga...
Donde carajos está mi juego de brocas?
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